San La Muerte: Protección, Sabiduría y Caminos Ocultos.

INTRODUCCIÓN

imagen de una estatuilla

Para conocer la historia de este "Santo Popular", nos tenemos que introducir en los comienzos de la cultura Guaraní. Para el indio no existía un solo "Tupa”, dios de la moderación y la sabiduría, llamado “Ñanerú Guazú”. Para su imaginación el panteón estaba formado por una gran cantidad de dioses, “porás", dueños, señores de la naturaleza, vinculados al mundo vegetal, animal y climáticos. De allí que sentían un gran respecto por la naturaleza y de todo lo que ella te brindaba. Numerosos dioses habitaban en las selvas, en las aguas, en donde se multiplicaban o se hacían sentir con fenómenos naturales como las lluvias, los truenos, como así también las crecidas de los ríos y las tormentas. El dios de la lluvia recibía periódicamente rituales para complacerlo y aplacarlo. Este se llamaba Tupá Cuera, se le pedía compasión para que su cólera no se desencadenara en una tormenta, la cual traía aparejada la crecida de los ríos con el resultado de la perdida de sus viviendas, deterioro de los cultivos, la muerte de personas, etc. Por el otro extremo en 1ugares de sequías, era destinatario de las rogativas, pedidos con danzas rituales para que la bendición del agua por medio de la lluvia propiciara los cultivos. El indio tenía su propia forma de personificar a los dioses que lo acompañaban en todo momento tanto de felicidad como de adversidad. Ellos hacían sus imágenes tallando la madera que tan bien conocían y manipulaban.

HISTORIA DE NUESTRO SANTO

estatuillaGuadaña

Esta era la teocracia o forma de adoración del indio guaraní, cuando fue visitado por los Franciscanos, Jesuitas y Mercedarios que trajeron consigo las incursiones colonizadoras que vinieron de España a partir del siglo XVI. Los principales catequizadores fueron los Jesuitas, que desdeñando la soberbia, el atropello y uso de la fuerza se unieron a ellos. Aprendieron su idioma, comprendieron al guaraní en su esencia. Eso trajo aparejado la mixtura de las dos partes. El evangelizador, para que el nativo comprendiera sobre lo que le estaba hablando, personificaba o asemejaba un dios Todo Poderoso, bueno y, lleno de amor con el dios de los nativos. Los Jesuitas encargaban la realización de imágenes a los talladores indígenas, copiando de otras imágenes o de estampas. El indio hacía esa imagen con su cuota de personificación, quitándole en algunas veces y en otras agregándole su forma de ver a un santo o a Dios. Así llegamos al culto de San La Muerte , conociéndose por diferentes nombres como ser: Señor La Muerte; Nuestro Señor de la Buena Muerte; San Justo, Nuestro Señor de la Muerte; Santo Esqueleto o simplemente "El Santito". Los Jesuitas habían formado una excelente organización en toda la región poniendo misiones en diversos lugares del nordeste argentino y en el sur paraguayo, la punta o eje principal en donde funcionaba la administración central de las misiones se encontraban a la vera del río Uruguay, precisamente en lo que es hoy la ciudad de Yapeyú. Todo sucedía armoniosamente, la amalgama de los Jesuitas con los lugareños, los indios guaraníes, era casi perfecta. Hasta que llegó una orden del Rey Carlos III de España, en la cual decretaba la expulsión de los Jesuitas de la Cuenca del Plata. Tal vez por envidia, tal vez por el ansia de poder, o para apropiarse de la maquinación organizada que habían conseguido los misioneros en esas tierras. A partir de aquí se tejieron varias leyendas. Los indios al verse desprotegidos, sin el direccionar de los Jesuitas, al faltarle la guía espiritual, se apropiaron de los templos e iglesias, tomaron las imágenes que ellos mismos habían fabricado y se dispersaron, algunos volvieron a la selva, otros se quedaron en las cercanías de las misiones. Al irse cada uno se llevaba la imagen que podía conseguir. Además los indios que tallaban imágenes sacras las siguieron haciendo. De esa manera, adoptaron las imágenes a sus creencias.

LEYENDAS DE SAN LA MUERTE

figura2

Como Leyenda, hay varias, las que dan origen al “Santoral Profano” correntino. Cada indio que se llevo una imagen, tallada por sus manos, tubo una conciencia distinta de su santo, o de su dios o de su protector. En el Culto a San La Muerte , las leyendas son varias, aquí quiero reseñar las que han llegado a mis oídos. Estas leyendas pueden ser distintas unas de otras o simplemente ser la continuación, en distintos tiempos de una misma historia. Cuenta la leyenda que la tribu de los Guacarás que tuvo su asentamiento en lo que es hoy Santa Ana de los Guacarás, que cuando se fueron los Jesuitas, los indios tomaron las imágenes de la iglesia, en una de ellas había un tríptico en donde estaba representaba la Tentación de Jesús en el pináculo del Templo de Salomón. Con los personajes de: Jesús, El Diablo y la Muerte y la victoria de la Muerte a cambio de un traspié de Jesús. Los indios se repartieron el tríptico formado por tres tablas talladas por ellos y de esa manera se fueran y cada uno por su lado le siguió efectuando cultos pidiéndoles protección y todas las gracias que necesitaban. Esto dio origen a lo que hoy se conoce San Diablo (la tabla con la imagen del Diablo); a Jesús que no sufrió demasiadas transformaciones y a San la Muerte (también de la tabla con la talla de la Muerte). Luego cuando vuelven los salcedotes a ejercer los oficios religiosos, estas santificaciones se adaptaran en las capillas cristianas.

LEYENDA SOBRE: TUPA

Los españoles quedaron perplejos cuando los indios que habitan este lugar antes de ir a realizar sus ocupaciones se encomendaban a los que ellos denominaban un fetiche o talismán que representaba a un hombre descarnado en posición fetal o sentado al cual los indígenas le llamaban ÑANDERU GUAZU o Tupa y que muchos siglos antes de que los españoles descubriesen América se cree que según la adición oral fue en el año 800 de nuestra era lo que seria aproximadamente hace 1200 años y ateniéndonos siempre como fuente la tradición oral Dios Padre se le hace presente a un cacique guaraní de aspecto flaco y descarnado se le revela como TUPA o ÑANDEERU GUAZU y se sienta de cuclillas a conversar con el cacique y le cuenta que en el cielo hay una pieza llena de velas, una mas grandes y otras mas pequeñas, todas encendidas y le explica que las velas representan la vida y que cuando se apagaba el hombre moría y su alma era arrancada de su cuerpo para ser llevado a su juicio. De ahí que en las estampitas actuales aparece con la guadaña, ya que en las primeras tallas aparece en posición fetal o sentado, y le dice que debía encomendarse el cacique con todo su pueblo tanto en vida como para poder tener una buena muerte, de allí nace el nombre Señor De La Buena Muerte.

LEYENDA SOBRE: DIOS ENVIANDO EL MANDATO DIVINO

Cuenta la leyenda que existió una vez, un rey que fue famoso por ser justo en administrar justicia. Este rey muere y va al cielo. En representación de Dios, éste le reconoce lo justo que había sido en la tierra cuando administraba justicia, y le pide que lo ayude en una labor en la cual él iba a ser idóneo para esa tarea, le encomendó el cuidado de la vida y de la muerte de los humanos, Dios le dijo: “¿Ves todas esas velas encendidas?, pues esas velas son la vida de los hombres de la tierra. Tu labor será que, cuando una de las velas se termine de consumir, tendrás que bajar e ir a buscar su alma para conducirla ante mi presencia. Mientras las velas estén ardiendo esas personas están vivas, una vez que se haya consumido, es cuando se acaba el tiempo para esa persona, como ves, hay velas mas grandes y velas mas pequeñas, no todos tiene el mismo tiempo de vida allí en la tierra”. Así por orden divina se convirtió en el ayudante de Dios para controlar la existencia de los hombres. Sus devotos se encomiendan a él en la vida y para que los proteja en la hora de la muerte.

LEYENDA SOBRE: EL BONDADOSO SEÑOR SAN LA MUERTE

En los Esteros de Iberá se cuenta otra leyenda, o que dije, otra parte de una misma leyenda que forma la historia de este Santito: Cuentan los lugareños que en la región, hace 150 años aproximadamente, había una prisión en donde estaban albergados los leprosos. A estos, por miedo al contagio, los tenían apartados de los demás reclusos, en una edificación alejada. En el pueblo existía un “Payé” (medico brujo), unos dicen que fue un monje Franciscano o un monje Jesuita que cuando Carlos III de España los expulso de la región, se quedó en el lugar para ayudar a los indígenas. Este Payé era conocido por su poder de curación, a través de la administración de yuyos, brebajes, curaciones “de palabra” y oraciones, la administración de una “agua curativa “su gran amor al prójimo, en cual abarcaba también a los leprosos cuando éste se adentraba en sus celdas para ofrecer agua a los enfermos en la culminación de sus vidas por medio de la enfermedad. Este monje era poco para toda la comunidad. Sus tareas se debían multiplicar para dar auxilio a todos los que requerían de su ayuda para curar males del cuerpo como así también males espirituales, o bien sacarle “algún daño” a una persona que había sido victima de algún “ojeo”, por otra mal intencionada. El Payé se hacia su tiempo para correr hasta la orilla del río (o Laguna), sentarse bajo algún árbol frondoso, ponerse en cuclillas, y meditar mirando correr el agua. Todo seria igual, con la monotonía de siempre, ayudaba a las personas del poblado y de los que venían de la selva; llevando el agua para calmar la sed de los enfermos en el leprosarío; tomándose el tiempo para descansar su delgado cuerpo a la sombra de un árbol en la orilla del río. Hasta que, llegaron al lugar nuevamente los sacerdotes cristianos, que volvían a retomar la empresa comenzada por los misioneros. Los sacerdotes al enterarse de la presencia del Payé, confabulan con las autoridades y hacen poner preso a éste, y lo encierran en una celda con los leprosos. El Payé, sin oponer resistencia se deja conducir, que lo encierran. Pero en protesta hace ayuno y de pie. Apoyado en un callado (bastón largo que utilizan los pastores o los viajeros para ayudarse a caminar), de pie, hasta que la muerte le llega en un momento. Nadie se dado cuenta de su muerte hasta luego de un tiempo prolongado cuando abren la puerta de su celda y lo encuentran muerto, de pie con su túnica negra, apoyado en el callado (que tenia forma de L invertida) sus carnes consumidas, era solo su esqueleto cubierto por la piel. El apodo de Señor La Muerte puede venir, porque Payé, se ocupaba de las personas con lepra, (que en esa época tener esta enfermedad, la cual no tenía cura, era una sentencia de muerte segura).

LEYENDA SOBRE: LA MISIÓN DEL SEÑOR SAN LA MUERTE

Entre los nativos donde se originó este mito, los personajes más respetados socialmente eran los Caciques y los brujos o curanderos. Su ciencia se transmitía a una persona por él elegida. El Chamán debía cumplir la altísima misión encomendada por Tupá (Dios), de administrar la vida y la muerte de sus contemporáneos, mediante la realización de curaciones o daño. Cuando envejecía, debía elegir entre los jóvenes de su tribu a quien consideraba merecedor de cumplir tan alto designio. Entonces el elegido debía internarse en el bosque, sentarse sobre un tronco y permanecer durante siete días sin ingerir alimentos ni agua y además aguantar el miedo a las horrorosas apariciones que vería. Si esta prueba era superada, estaría en condiciones de ejercer su trabajo como ayudante a Tupá. En una ocasión, ya elegido el sucesor, el joven despide de su novia y a pesar que estaba prohibido le revela el lugar donde cumpliría la prueba. Se interna en el monte, elige el lugar para soportar la prueba y espera. Pasados los siete días no regresa a la tribu. Su enamorada va en su búsqueda, y lo encuentra esquelético y muerto. Llora desconsolada y se lleva de recuerdo una falange como reliquia. Al llegar a su choza encuentra a su madre enferma. Entre lamentos ruega a su amado, aferrándose al huesito, que desde el más allá sane a su madre. Sus ruegos fueron escuchados y su madre sana milagrosamente. Otra versión de la misma leyenda cuenta que el hijo de un cacique, joven y fuerte estaba protegido por Yasi (La Luna), que le había enseñando a fabricar un amuleto protector. Su madrastra era iniciada en el culto a Aña (el Diablo), envidiosa por la suerte de Payé, por la valentía y el coraje de éste, quería todos los atributos para su hijo. Una noche mientras dormía, su madrastra le robó el amuleto. Desde entonces Payé que era invencible, comenzó a debilitarse corriendo peligro de muerte. Entonces Tupá (Dios supremo de los guaraníes) le envía un ave que le revela al joven Payé lo ocurrido y como recuperar el amuleto y recuperar su salud y gallardía. Mientras la madrastra enloquecía de envidia. De la misma leyenda, al sufrir deformaciones por la divulgación de boca en boca, de generación en generación, he encontrado que los guaraníes enterraban a sus muertos en posición fetal, porque decían que la vida volvía a reciclarse, y de esta manera la persona se preparaba en la misma posición que tendría en el vientre de la madre para volver a nacer. Esta posición muchos la comparan con la imagen de San La Muerte en cuclillas o en posición fetal, asimilándose a la forma de Payé cuando iba a orillas del río a meditar o descansar, además de ver su esmirriado cuerpo “parecido a un esqueleto” con la capa de piel sobre los huesos. Esa Imagen con el tiempo se pudo haber deformado por la tradición oral cuando se decía “tan flaco que es todo huesos vestido con una capa negra, parece un esqueleto con túnica.” Sin desdeñar otra información, los lugareños les han dicho a los recopiladores de datos y leyendas en Corrientes y sus alrededores, que el culto a San La Muerte se produce a partir de la expulsión de los Jesuitas de la Cuenca del Plata por orden de Carlos III de España. Un dato para tener en cuenta es que durante la permanencia de los Jesuitas en la región guaraní, estos tenían una imagen de Cristo sentado con la barbilla apoyada en las manos y dos codos apoyados en rodillas. A este Cristo se lo llamaba Señor de la Humildad y la Paciencia, e incluida en el santoral cristiano, venerándose el 15 de agosto su conmemoración. Es de ahí que en algunos lugares se los venera a San La Muerte ese día, sincretizándolo con el Señor de la Humildad y la Paciencia. Pero generalmente la fecha de veneración en donde los “prometeros” les rinden culto es el día 20 de agosto.

EL AMULETO

amuleto

El amuleto de San La Muerte es un eficaz “payé” (amuleto talismán). El pueblo lo nombro su “abogado” saben que portando el “Payé” colgado del cuello con una cadena o cordón de cobre; teniendo a la imagen en su casa, o incrustándoselo en el bíceps, están seguros de todo mal. Hay Personas que hacen rasgar la piel del brazo a la altura del bíceps, para incrustarse en el amuleto de San La Muerte hecho en un tamaño de pequeñas proporciones. La confección del amuleto requiere varios requisitos según el “tallador” que lo realice y el lugar de su devoción, porque varía su forma de consagrarlo. Los materiales que utilizaban los indios Tupí Guaraní, era de madera blanda que abunda en la zona como ser naranjo, palo santo o de “curupí”. Algunas veces se realizaba la imagen de un plomo derretido de una bala extraída a “punta de facón” de una persona que haya sido asesinada, otras veces lo hacen de plomo simplemente; también se realiza en arcilla que es cocinada en Viernes Santo; según dicen los mas poderosos por su fuerza milagrosa es la que se hace con huesos humanos, especialmente de los huesos que conforman las falanges, antiguamente eran de especial predilección por los devotos del Santito, hacer el amuleto-payé de una falange de un niño que hubiese fallecido y que este haya sido bautizado. A pesar que la industria haya sobrepasado el trabajo que realizaban los artesanos talladores de imágenes, todavía se puede encontrar a alguien que se dedique a realizar esas hermosas imágenes talladas que cada artista de impregna su estilo particular. El artesano o tallista deberá ser consagrado a San La Muerte. La medida de esta tallas nunca deben llegar a medir los 10 cm de altura. Para ser más efectivo su efecto son las más poderosas las realizadas en Vienes Santo, antiguamente cuenta los lugareños, la imagen debía ser escondida una noche en el altar de la una iglesia católica, en ese entonces ubicada entre Saladas y San Roque, para esto el gaucho debía forzar la entrada de la iglesia para depositar el amuleto-payé en el altar y luego para retirarlo, el mismo quedaba con todo su poder una vez que el sacerdote cristiano, oficializaba misa y bendecía la Santa Hostia. Como no se podía realizar la aventura contada anteriormente, los que deseaban el talismán, escandían la pequeña imagen en velas ahuecadas para que recibiera la bendición 7 veces, cada una en una iglesia distinta.

CULTO A SAN LA MUERTE

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El culto al “Santito Esqueleto” como cariñosamente lo llaman, se remonta a la época en la cual el gaucho, para perdurar en una topografía tan agreste como la del Litoral Argentino, se veía desprotegido en la inmensidad de la selva, y de los campos. El pueblerino no se quedaba atrás en pedirle protección a su “Santito”. El culto comienza junto a la leyenda, ésta por las mentas de los “gauchos alzados” o por los parroquianos de las “bailantas” en donde no faltaba oportunidad de poder demostrar el arte del manejo del facón o del cutillo. Se decía que quien llevara el amuleto de San La Muerte , era invencible y no había filo de ningún arma blanca que le llegara, ni plomo de arma de fuego que lo tocaría. Además ponían al santo al tanto de cada partida de juego que hubiese, pidiéndole la gracia de salir ganador de la partida sobre todo si este era por dinero. No perdían oportunidad de pedirle si alguna de las muchachas les gustaba, para que éste se las acercara. Los pedidos eran y son diversos, a pesar que en Corrientes hay un santo popular al que le piden todos los favores referidos al amor. San Alejo, también estás los que le piden a San La Muerte sobre cuestiones amorosas, le piden por problemas de salud; para protección de la casa; de las personas; de los niños; por problemas de trabajo; de dinero; para “alejar algún daño” para el “ojeo” de personas, campos y de animales también, es común ver un animal que tiene poco tiempo de haber nacido con una cinta roja en el cuello, para que “corte el ojeo”. También le piden que aleje a las personas que no son convenientes para quien lleva el amuleto; para encontrar objetos o perdonas perdidas; para que los ladrones devuelvan lo robado; para salir airoso de una pelea; etc. Es decir están los que le hacen pedidos específicos y están los que le piden todo tipo de gracia, incluso le piden la muerte para algún enemigo, que si es el tiempo que ya tiene que morir, hace que el enemigo se vaya secando hasta morir. Hay dos tipos de culto, uno personal y otro publico. Si es personal le rezan sus oraciones al santo los días martes y viernes, le prenden velas de color rojas o de color blanco y negro. Si es para el bien está acompañado de algún crucifijo y en algunos casos la imagen del santo está acompañada por otra de Santa Catalina. Si a San La Muerte también le hacen algún pedido en donde está el mal para una persona, éste esta totalmente negro y oculto de la vista de los extraños, solo el dueño lo “atiende”. Si otra persona lo ve, perderá su fuerza milagrera. Cundo el santo es de culto publico, este tiene su altar de la casa o en un ambiente o cuarto destinado para él solo. Su altar siempre está adornado con claveles rojos que le dejan las personas que le piden favores. En estos casos, cuando es de culto publico, le encienden velas de color rojas, de color blanco-negro, o simplemente de color blanco. Otras personas le prenden velas de color amarillo-negro. A San La Muerte, cuando se le hacen pedidos de favores tener presente si se puede cumplir con lo prometido y después de cumplido el pedido, llevarle o cumplir con la promesa. Cuando el “Santito” es para uso de una casa, y se tiene para que le abra los caminos, proteger a los integrantes de una familia; para proteger la vivienda de posibles ladrones; o del “ojeo” malintencionado de otras personas, basta simplemente tener una imagen de San La Muerte vestido con un manto negro, sobre un paño de color negro. Cuando es para el mal; la imagen de San La Muerte, es de uso personal y esta oculto de la vista de otras personas, únicamente lo ve su dueño para que este no pierda su fuerza. A este le prenden velas únicamente negras o rojas. Cuando es para el bien los pedidos se le hacen una vez que cae el sol o sea al atardecer hasta antes de las doce de la noche. Cuando al pedido que le efectúa es para el mal, se le hace después de las doce de la noche. Al igual que otros santos populares del litoral, que se han ido paganizando. San La Muerte tiene el influjo de la culturo afro-brasileña. Por eso al santo se lo relaciona con el Exú, entidad culturada con el Candomblé, y el Umbanda. Con el correr de los tiempos, se fue mixturando el culto, en el Brasil o en la costa del río Uruguay, lindera con Brasil. San La Muerte tuvo su mayor influencia de la cultura del país vecino, lo mismo ocurrió con el Exú del Brasil que recibió la influencia del culto al “Santito”. No se sabe cual es el principio, quien influenció a quien. De esta mixtura salió que San La Muerte también, en algunos casos, recibe comidas como Exú cuando se le hace algún pedido, se lo venera o se le agradece el favor recibido.